Cuando el clima es el peor amigo

Cuando el clima es el peor amigo

Los maratones en el mundo se realizan siempre en fechas estratégicas del calendario para que el clima acompañe o bien, los efectos del frío o del calor no sean determinantes para impedir que se logren los objetivos planteados por los deportistas. Por aquello, el grueso de las pruebas de 42k a nivel global se agendan en otoño o primavera, para así evitar lluvias o fríos de meses de invierno o bien las altas temperaturas propias del verano.

En New York, por ejemplo, al desarrollarse en la mitad del otoño (primera semana de noviembre), el clima generalmente es fresco y, puede pasar, que toque con lluvia. Berlín se realiza comenzando el otoño del hemisferio norte, por lo que todavía quedan rasgos del verano europeo. El clima generalmente acompaña a los atletas, aunque las últimas ediciones han tocado lluvia o bien un poco de calor.

Pero ha habido ocasiones en que el clima derechamente no ha querido ser el mejor aleado para los deportistas, debiendo luchar contra temperaturas que han superado los 30°, un infierno para los maratonistas, o bien el caso contrario, con olas de fríos que se suman a tormentas y viento en contra. Con el cambio climático, hay que estar abiertos al factor sorpresa, estando dispuestos a vivir con mayor frecuencias climas adversos.



El Maratón de Santiago históricamente se realizaba el primer domingo del mes de abril. El argumento que daban los organizadores era que, si se hacía en marzo, existía la posibilidad de que tocara un día con mucho calor, mientras que si se privilegiaban meses más avanzados del año, la contaminación atmosférica es más alta sumado a que la probabilidad de lluvia era más venida. En esa fecha, el clima generalmente acompañaba para realizar buenas performances, con temperaturas máximas de 22° que, a la hora de la carrera, bordeaba los 17°. Salvo un año, el 2014, el clima estuvo más bajo del promedio, con mucha neblina durante gran parte del evento.
Como consecuencia del cambio climático y el calentamiento global, el verano cada vez se extiende más allá de la fecha formal de finalización, el 21 de marzo. El año pasado, para mala suerte de los deportistas, durante el primer fin de semana de abril la ciudad de Santiago vivió una ola de calor, teniendo para el día de la carrera un clima que pasó los 30°. Se sumó a que el Gobierno de Chile decidió, con semanas de anticipación, empezar el horario de invierno el primer domingo de abril, por lo que los corredores comenzaron el evento con la luz y calor de las 9:00 de la hora vieja. El resultado fue de 1 fallecido, más de 900 atenciones médicas de primeros auxilios, muchos desmayos y el maratón con menos atletas sub 3 horas en muchos años.

Para prevenir una nueva ola de calor, para este año 2020 la fecha de la carrera se trasladó 2 fines de semanas más tarde, siendo su primera fecha original el 19 de abril (ese día la temperatura de Santiago se elevó a los 27°, alto para correr), pero dado el Plebiscito Constituyente se postergó para el 17 de mayo y luego, por el Coronavirus, quedó para el 6 de septiembre.

El Maratón Major de Chicago también ha sido víctima del calor. Realizada año a año la segunda semana de octubre en el primer mes del otoño norteamericano, su clima generalmente acompaña a los deportistas, aunque ha habido ediciones donde los maratonistas han tenido que sortear con el calor o la lluvia. Pero nada se compara con lo vivido el año 2007.



En la edición 2007 del Maratón de Chicago, el clima sufrió en muy poco tiempo una variación considerable de la temperatura, sobrepasando los 30 grados Celsius, lo que provocó el fallecimiento de un corredor y más de 300 atenciones médicas. Durante el trayecto la organización avisó a los deportistas que la temperatura estaba a un nivel tan alto que podía ser letal. Esta medida hizo que de los 35.800 atletas que comenzaron la prueba, sólo 24.900 terminaran (31% de abandono). El diario Chicago Sun-Times en su editorial exigía disculpas públicas a los organizadores por lo vivido, dado que la ciudad llevaba “más de 23 días con calor y no tomaron las medidas pertinentes”. Años posteriores, la organización envía diariamente un reporte de la temperatura para el día de la carrera, donde el color verde es que se puede correr sin problemas, amarillo es que hay que tomar precauciones como hidratarse bien en caso de que haya calor o abrigarse si hará frío y color rojo es advertencia de que es muy factible de que se tenga que suspender para privilegiar la salud de los inscritos.



Horas antes de que se realizara la versión 2018 del Maratón de Boston, la ciudad ya era víctima de una tormenta, donde la lluvia, el viento y las bajas temperaturas eran los ingredientes de la jornada para impedir que los atletas anotados en la prueba major cumplieran sus objetivos.



Previo a la largada los inscritos tuvieron que refugiarse en varias capas de ropa y buscar un techo para enfrentar la lluvia que azotaba a la ciudad estadounidense. Durante la competencia se podía ver en la transmisión de televisión cómo los deportistas, tanto amateurs como los elites, en ningún momento se despegaban de sus guantes, sus cortavientos o sus gorros, debiendo enfrentar en todo momento el viento en contra, la lluvia y el frío.

A medida que transcurría la competencia, los maratonistas iban cayendo de a poco con serios cuadros de hipotermia, redoblándose los esfuerzos de la organización para contar con mayores dosis de capas térmicas, agua caliente y mantas.



El clima fue adverso para todos los atletas, pero con mayor agudeza para los provenientes de tierras africanas, acostumbrados a climas más tropicales. Bajo esto, y sorpresivamente, los ganadores fueron atletas blancos, siendo la estadounidense Desiree Linden con 2h39 y el japonés Yuki Kawauchi con 2h15 los triunfadores.



El año pasado la edición 123° del Maratón de Boston, días previos a su realización, pronosticaba en las diferentes aplicaciones climáticas una jornada bastante parecida a lo vivido el 2018. Bajo esto, la organización enviaba por mail y publicaba en sus diferentes plataformas digitales recomendaciones para que estuvieran alerta. Finalmente, el clima jugó a favor, teniendo solo una lluvia en las horas previas a la partida, pasando luego a sol parcial.

Si de por si el Maratón de Venecia es duro, por las pasadas por sus puentes mecanos en los kilómetros finales, lo vivido el 2018 fue más difícil aún, pasando a un hecho casi de fantasía.



En ese año, los ríos que colindan con la ciudad italiana tuvieron un alza en sus niveles, ocasionando que la ciudad se viera inundada, teniendo que correr los maratonistas largos trayectos con el agua hasta el tobillo e incluso hasta la rodilla. Algunos seguían con la intención de hacer su mejor registro, batallando contra el agua, pero otros derechamente se dieron cuenta que seguir corriendo era imposible y siguieron el trayecto caminando.

Date

2020-04-30

Category

Competencias, Noticias

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